Inseminación artificial (IA)

La técnica de reproducción asistida más sencilla es la inseminación artificial, que consiste en el depósito de espermatozoides de manera no natural en el aparato reproductor de la mujer con la finalidad de conseguir un embarazo.

Para ello se estimula de forma controlada la ovulación y se monitorea este proceso.

La estimulación de la ovulación se realiza mediante la prescripción a bajas dosis de hormonas implicadas en el ciclo menstrual desde el segundo o tercer día de la llegada de la menstruación.

La monitorización se realiza mediante ecografías transvaginales periódicas. Su finalidad es controlar el número de folículos en cada uno de los ovarios, programar el momento de la inseminación y medir el grosor del endometrio.

Cuando el tamaño de los folículos es el adecuado se programa la inseminación; se le prescribe a la paciente gonadotrofina coriónica humana o hCG, que deberá ser inyectada entre 34 y 36 horas antes de la inseminación. La gonadotrofina coriónica humana promueve la ovulación, es decir, la rotura del folículo ovárico y la salida del óvulo hacia las trompas de Falopio.

Antes de realizar la inseminación se recoge la muestra de semen en un bote estéril generalmente mediante masturbación y con las mayores medidas de higiene posibles. Se recomienda no eyacular entre 2 y 7 días antes de la inseminación.

En el laboratorio se separaran los espermatozoides de buena calidad del resto de la muestra de semen. Se depositaran estos espermatozoides mediante una delgada cánula en la cavidad uterina. La paciente permanecerá en reposo unos minutos en posición de decúbito. Está técnica no requiere ningún tipo de anestesia ya que es indolora.

Aproximadamente dos semanas después la mujer se realizará una prueba de embarazo para saber si el proceso ha finalizado con éxito.

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